Por qué el calificativo de naziindependentistas (II)

Retomo el hilo de mi anterior post: el proces ha pretendido y pretende la ocupación de Cataluña y la imposición de una nacionalidad y culturas determinadas a otros ciudadanos, que son mayoría electoral, mediante el uso de la “fuerza” de 5 votos, saltándose las normas de la Constitución y, lo más paradójico, incumpliendo sus propias normas que aprobaron en contra de lo establecido por el Tribunal Constitucional.

En efecto, es paradójico por cuanto el Estatuto de Cataluña en su artículo 222.1b)   requiere de dos tercios de votos de los parlamentarios autonómicos para su reforma, y en cambio, con una mayoría de cinco votos y por el procedimiento de urgencia, sin debate previo y aplastando los derechos de la oposición parlamentaria, declaran unilateralmente la Republica de Cataluña.

Así las cosas, no es exagerado, y a nadie debe extrañar, calificar este fenómeno de totalitarismo, pero éste se queda corto cuando se analizan los hechos acaecidos y las políticas desarrolladas para conseguir sus fines. Destaca sobre todo la política de falsedades, siguiendo la estrategia de Goebbels: «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad» Todo:

  • Cataluña, una vez independiente, seguiría en la Unión Europea. Nada más lejos de la realidad, se vería inmersa en un proceso institucional e internacional complejo y azaroso, con la ONU de por medio como primera etapa, que se dilataría en el tiempo mucho más de lo que en un principio puede parecer.
  • La guerra de 1714 fue un gerra de secesión. La historia lo desmiente fue una guerra internacional para hacerse con la corona de España. Los dos grandes candidatos eran Felipe V de Borbón (nieto de Luis XIV de Francia) y el archiduque Carlos de Austria. Lo que era una cruenta guerra de monarquías se convirtió también en una guerra de proyectos: el librecambismo anglo-holandés frente al proteccionismo fisiócrata francés; la burguesía mercantil frente a la alianza de las aristocracias agrícola y cortesana; el   confederalismo de Viena frente a la centralización absolutista heredera del rey Sol; las periferias versus el centro de Europa. No fue pues una guerra de una nación contra otra, ni de independencia, ni de secesión, ni patriótica.
  • España nos roba. Artur Mas publicó en 1912 un cálculo según el cual Cataluña estaría aportando 16.409 millones de euros al presupuesto común. Jordi Pujol entonces manifestó: “Pagar en torno al 9% de su PIB por concepto de solidaridad, y con frecuencia más, se convierte en un expolio que perjudica gravemente a Cataluña y su gente”. El economista Antoni Zabalza (catalán), autor del libro “Economía de una España plurinacional”, calculó que si en tiempos de bonanza el déficit catalán oscilaba en torno al 8%, en fases de crisis era muy inferior o se convertía incluso en superávit. Josep Borrell y Joan Llorach, en su libro “Las cuentas y los cuentos de la independencia” desmonta la extendida creencia de que, con la independencia, Cataluña dispondría, de forma inmediata y permanente de 16.000 millones de euros adicionales que “España les roba a los catalanes”. Esta argumentación obvia el detalle, nada menor, del coste de todos los servicios públicos que el Estado español presta a los catalanes desde fuera del territorio catalán, y que una Cataluña independiente tendría que asumir y pagar. Una estimación de la propia Generalitat (Andreu Mas Colell) es recogida por los autores según la cual el desbalance para Cataluña alcanzaría en 2015 solamente 3.228 millones de euros: esto es, solo un 1,6% de su PIB.
  • El derecho a decidir de Cataluña. Solo en situaciones muy específicas este derecho a la autonomía dentro del Estado se puede convertir en autodeterminación externa, frente al Estado, y por tanto, a la secesión. Esas excepciones se circunscriben a la “situación particular de los pueblos sometidos a dominación colonial o a otras formas de dominación u ocupación extranjeras” (Resolución 50/6 de la ONU).
  • El referéndum del 1- O es el mandato del pueblo. Para que una convocatoria electoral sea legal debe ampararse en la ley. Y la Constitución otorga la competencia exclusiva para llamar a referendos en asuntos “de especial trascendencia” a las Cortes y al Gobierno. Ni siquiera los propios letrados de la Generalitat argumentaron a favor de la convocatoria del referéndum

Éstas son solo unas piezas espigadas de la sarta de falsedades y mentiras que continuamente van creando los secesionistas con una absoluta falta de ética. Es la cultura nazi, cuyo referente más genuino es el actual presidente Quim Torra y el expresidente Puigdemont. El movimiento catalán moderno, como muchos nacionalismos, se basa en una manipulación del pasado que lleva a un sentido de victimización y a lo único que pueden aspirar es ganarse las emociones de sus seguidores, pues carece de argumentos históricos y de futuro.

 

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